domingo, 30 de enero de 2011

MÚSICA SÍ, GRACIAS


Andaba el otro día buceando por mi colección de blogs favoritos y me detuve como no podía ser de otra manera, en esa joya blogera que habla de música llamada "La voz de mi amo" y que con tanto gusto escribe mi paisano Matías Uribe. Se lamenta en su última entrada del deplorable gusto musical que gasta la gente de estos pagos hispanos poniendo a parir a los Bosés, Sanz, Dalmas, Bisbales y demás recua cantarina que mandan y ordenan en los paupérrimos topten de ¿ventas? de nuestro país. Arremete duramente contra ellos y contra los vacuos consumidores de su música. Lo divertido del artículo son las encontradas reacciones de sus anónimos lectores que responden con la misma vehemencia tanto detractores como seguidores.
Para ponerles en antecedentes comenzaré diciendo que nunca he sido un melómano recalcitrante. Mis padres no eran muy dados a poner música en casa. De hecho, no hemos tenido tocadiscos, cadena musical, radiocassete ni reproductor alguno que fomentara tan noble arte siendo la radio la única ventana que tenía para asomarme al panorama musical del momento pero mi madre nos martirizaba una y otra vez con el consultorio de Helena Francis y las arengas inquisitorias de Encarna Sánchez y cuando no, era Eufemia, la chacha, la que escuchaba los prehistóricos seriales de la época con lo que mis posibilidades de adquirir cultura musical se diluían entre programas soporíferos.
La explosión de la Movida de los 80 me pilló a mí en fuera de juego y con el oído desentrenado y ahí sí mis compañeros de clase eran verdaderos eruditos en la materia musical. Nombres como Radio Futura, Siniestro Total o Los Secretos se entremezclaban con los AC/DCComprobar ortografía, Michael Jackson y Spandaw Ballet, que en aquella época forraban las carpetas de mis cachondas compañeras de curso y fue de este modo como fui adquiriendo mis limitadísimos conocimientos musicales. Fue gracias al cine de Woody Allen como comencé a adentrarme en el mundo del jazz y a día de hoy es la única música que escucho y lo hago permanentemente, cuando trabajo, cuando salgo a correr, cuando me relajo, al acostarme e incluso cuando hago el amor, si es que a mi parte contraria no le da por acompañar los rítmicos movimientos pélvicos con alguna solfa del tipo Coldplay o Keane.
Puedo charlar durante horas de Coltrane, Davis, Hancock o Stan Getz pero desconozco por completo las tendencias musicales actuales y sus intérpretes aunque no soy un ermitaño y como pertenezco al mundo no soy ajeno a la existencia de U2, The Killers, Los Planetas, La Oreja de Van Gogh (curioso nombre) o Bustamante y eso hace que sea uno de los millones de vagos recalcitrantes que no se toman la molestia de bucear por la red en busca de nuevos sonidos, de músicas inéditas que alimenten nuestros raquíticos espíritus y tengamos una medida más justa para discernir lo bueno de lo malo.
Comparto al 90% la desolación manifestada por el señor Uribe ya que difícilmente podremos entrar a valorar si es arte lo que sale por la garganta de Sergio Dalma si antes no hemos prestado un momento de nuestra atención a escuchar la pieza "So what" de Miles Davis. Tengo que decir que cuando escucho a los cantantes y grupos que pululan por los programas radiofórmulas de cualquiera que sea la emisora me invade una tediosa sensación de deja que hace que mi atención se desvíe a otro lado apenas pasados unos segundos del inicio de la canción.
No me van las posturas integristas de los puristas ni de los presuntos entendidos en música que fiscalizan con encendido fervor a los grupitos auspiciados por la industria musical actual debidamente a que soy partidario del vive y deja vivir pero sería un hipócrita si no reconociera que en mi fuero interno comparto totalmente estas posturas talibanes. Lo siento, qué le voy a hacer...
Acudo al diccionario a buscar la definición de la palabra arte y me encuentro con esta retahíla:

arte.

(Del lat. ars, artis, y este calco del gr. τέχνη).

1. amb. Virtud, disposición y habilidad para hacer algo.

2. amb. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

3. amb. Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo.

4. amb. Maña, astucia.

5. amb. Disposición personal de alguien. Buen, mal arte

6. amb. Instrumento que sirve para pescar. U. m. en pl.

7. amb. rur. Man. noria (máquina para subir agua).

8. amb. desus. Libro que contiene los preceptos de la gramática latina.

9. amb. pl. Lógica, física y metafísica. Curso de artes


¿Responden estas definiciones a las aseveraciones lisonjeras que emanan del interior de los autoproclamados artistas? Siempre que me pregunto esto me viene a la cabeza la sin par Rosariyo, la hija de la Faraona. No hay declaración que le preceda en la que no alardee de su manido "arte", y claro, si lo que canta esta muchacha es arte, ¿cómo catalogamos a los gorgoritos de don Plácido Domingo o las arias de la Callas? Y qué me dicen de las letras de las canciones. Escribir versos como los que crea Juan Gabriel o cuaquiera de los muchos padres putativos de los triunfitos es labor que perfectamente podría realizar mi hijo de un año aunque seguro que éste echaría más imaginación al asunto, mientras que escribir como Dylan o el mismo Serrat tan solo pueden hacerlo Dylan o Serrat.
Que el tema cultural patrio está de capa caída es una obiedad, y no digamos el musical en particular. Que los músicos que hoy en día triunfan son fruto de una indolente ola de mediocridad que se ha apoderado de toda la geografía nacional e internacional y crea verdaderos rebaños descerebrados en torno a esas figurillas totémicas de larga sombra y escaso contenido, es algo que cae por su peso, pero, ¿y quién somos nadie para dictar cánones acerca de lo vulgar o de lo bello y complejo? Afortunadamente la Música, al igual que la Pintura, el Cine o la Literatura no se pueden ni medir ni pesar. No son actividades tangenciales que podamos catalogar matemáticamente y cada cuál puede interpretarlas como quiera sin miedo a errar.
Generalmente las personas de espíritu inquieto y voraz apetito cultural, suelen abarcar gustos más variopintos y refinados que quien se mece en las olas de la corriente popular pero no certifican estas virtudes el logro de la felicidad. Bien al contrario, suelen ser personas permanentemente insatisfechas en constante búsqueda del karma, con el ceño siempre fruncido y mucho amargor en sus comentarios cuando de hablar de los "otros" se trata.
Dejemos que cada cual sea dueño de sus actos, de sus virtudes y de sus miserias y si alguien se le mueve la vena sensible escuchando un "temazo" de Shakira y otros lagrimeamos con un solo del saxo de Coltrane, bendita sea la música.


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